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Control biológico de las plagas con sello canario

Reducir el uso de fitosanitarios en la agricultura es el gran reto que se ha marcado Europa de cara a los próximos años tratando de alcanzar un territorio más sostenible, sin riesgos para la salud, los cultivos o el medio ambiente. ¿Cómo? Mediante el control biológico y el manejo integrado de plagas tal y como se recoge en el RD 1311/2012. Sobre esta línea de trabajo, la empresa canaria de reciente creación, Ecobertura, ha desarrollado métodos propios de producción de feromonas sintéticas para el monitoreo y control de la incidencia de estos patógenos en los cultivos. Este innovador proyecto ha sido financiado por la Sociedad de Desarrollo de Canarias (Sodecan) tras su participación en la convocatoria de Emprendedores Tecnológicos del 2016.

La idea, que ha encontrado cabida en las instalaciones del Instituto de Bio-órgánica “Antonio González” de la Universidad de La Laguna (ULL) desde mayo de este año, está liderado por el Doctor en Química, Fernando Pinacho y la Diplomada en Enfermería, Iratxe Guerequiz, fundadores de la empresa. A ellos se han unido el técnico de laboratorio, Sergio Taboada; el doctor en Química, Julio Rodríguez y la ingeniero técnico agrícola, Melania Martín, encargada de la comercialización del producto, lo que demuestra la generación de empleo a la que está contribuyendo esta actividad.

El trabajo que está desarrollando este equipo de investigadores consiste en reproducir y sintetizar en el laboratorio las sustancias oloríficas que emplean los insectos para comunicar diferentes fenómenos como la atracción sexual, una fuente de alimento o una alerta en caso de peligro. La diferencia del método empleado por Ecobertura para la obtención de estas feromonas sintéticas, comparado con otros en el marco de los Medios de Defensa Fitosanitaria (MDF) ya existentes en el mercado, explica Pinacho, es que “los procesos son más rá- pidos lo que nos permite ahorrar en recursos, materia prima y personal de laboratorio”. De momento, han reproducido feromonas destinadas a capturar polillas como la Phthorimaea operculella o Tecia solanivora de la papa, la Tuta absoluta del tomate y está en fase de desarrollo la del picudo de la platanera o Cosmopolites sordidus, en su denominación científica.

Paralelamente a la producción de feromonas, Ecobertura está inmersa en el diseño de un novedoso modelo de trampa “inteligente” para monitoreo, diferente al tipo delta (con forma triangular), uno de los más utilizados en campo. La novedad de este prototipo es que permite el monitoreo de la captura de las plagas haciendo uso de las nuevas tecnologías mediante cámaras, sensores de humedad y temperatura, además de localizaciones por GPS. De esta forma, cualquier agricultor o técnico podrá comprobar, a través de una aplicación móvil, lo que ocurre a tiempo real en esa trampa. Además del procesamiento técnico de los datos, como la autonomía de este mecanismo de captura de insectos es de al menos mes y medio, se evitan los desplazamientos continuos hasta la explotación lo que también supone un ahorro de tiempo y recursos humanos.

Para la fabricación de este prototipo de trampa se va a contar con el Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y la empresa pública Gestión del Medio Rural (GMR), órgano encargado de poner a prueba su efectividad en campo. Según las previsiones Control biológico de las plagas con sello canario Han reproducido feromonas para capturar polillas de la papa y el tomate y están desarrollando la feromona para el picudo del plátano La empresa Ecobertura desarrolla feromonas sintéticas para reducir el uso de agroquímicos y diseña un prototipo de trampa “inteligente” controlada con una app móvil. I+D+i El equipo de la empresa Ecobertura. 35 de estos expertos, si los resultados son óptimos, se podría empezar a comercializar a partir de 2019. FUNCIONAMIENTO Las trampas funcionan de diferente manera según el modelo elegido. Las tipo delta, fabricadas en polipropileno o cartón corrugado, llevan una placa adhesiva donde se colocan las feromonas en diferentes dosis en función del cultivo para atrapar a los insectos machos evitando la fecundación de la hembra y, por tanto, el aumento de la población. Cada semana o quince días, el agricultor o técnico revisa su estado y realiza un conteo para conocer primero si existe plaga, observar el estado evolutivo de la misma y decidir, en función de la información obtenida, si aumenta la densidad de las trampas o actúa con fitosanitarios. Para monitorizar una hectárea se necesitan dos o tres trampas, un número que se podrá aumentar según las necesidades de cada explotación. Guerequiz señala que “se trata de un método de control muy específico con múltiples ventajas medioambientales que nos permite reducir considerablemente las aplicaciones de agroquímicos”. No obstante, subraya que “colocar trampas de feromonas en los cultivos no significa tener la plaga controlada ya que además es necesario que el agricultor realice una serie de labores culturales complementarias como la recogida de los restos de la cosecha, en el caso de la papa, o el sellado de los invernaderos, cuando se trata de tomate, para evitar focos de alimentación de los insectos y lograr así una mayor efectividad en su uso”.

Por otro lado, Pinacho considera vital que junto al trampeo y las labores culturales, se incremente el número de parcelas que empleen trampas de feromonas como medida para “aumentar el control de las plagas”. En este sentido, la Consejería de Agricultura en colaboración con el Cabildo Insular de Tenerife y las oficinas de extensión agraria de la isla están realizando una intensiva labor con campañas divulgativas y de concienciación dirigidas a los agricultores para que aprendan a gestionar estos mecanismos de defensa fitosanitaria.

 

UTILIZACIÓN

Las trampas de feromonas se pueden utilizar de tres maneras: para monitorizar el cultivo y conocer la existencia y cantidad de plaga de un cultivo; para capturar de forma masiva los insectos aumentando la densidad de las trampas en campo o bien para confundir sexualmente a los machos interrumpiendo el apareamiento. La utilización de feromonas, cuyo fin es atraer a individuos de la misma especie, en la agricultura se conoce desde la década de los setenta aunque no fue hasta los años noventa cuando se comenzó a potenciar su uso. Las más utilizadas son las sexuales y las de agregación, indicadas para la detección, seguimiento y captura de plagas.

Son múltiples las ventajas del manejo de feromonas y trampas ya que, además de contribuir a disminuir la aplicación de fitosanitarios, reduciendo el coste y ahorrando tiempo, no incorporan residuos tóxicos a los alimentos ni al medio ambiente por lo que no suponen una amenaza para los polinizadores como las abejas ni para los enemigos naturales; evitan la contaminación de los acuíferos y la desertización; respetan el equilibrio biológico del cultivo y no generan resistencia a las plagas, entre otros aspectos.

Desde Ecobertura consideran que para poder avanzar con la lucha biológica, mediante este tipo de recursos, es necesario que la Unión Europea “implemente correctamente” el RD 1311/2012 ya que desde su entrada en vigor los Estados Miembros han detectado “deficiencias” en su aplicación. Cabe recordar que el principal objetivo de este Real Decreto es “fomentar la Gestión Integrada de Plagas (GIP) para preservar un sector agrícola, forestal y alimentario próspero que asegure una contribución positiva al medio ambiente mediante un modelo sostenible de producción compatible con la utilización racional de productos fitosanitarios”.

 

Fuente: http://asaga-asaja.com/wp-content/uploads/2018/01/REVISTA-114.pdf